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lunes, 21 de febrero de 2011

Platón on fire


Estamos armando junto a Manuel Murillo un grupo de estudio sobre Platón. Un pensador, cuyo nombre no recuerdo, ha dicho que toda la filosofía posterior a la de Platón es una nota al pie de ésta. Heidegger también dijo: "El origen es aún". Es por eso que si queremos quemar el Partenón, como dice Lorca, nosotros, cual barras bravas lorqueanos, tenemos que leer a Platón.
Quien esté interesado que haga señales de fuego.

domingo, 13 de febrero de 2011

Mala noticia y buena noticia

Mala noticia: ésta es una mala noticia para mí y para los lectores perezosos. La novela en bruto mide 201 páginas de Word, número que quizás aumente en la corrección, o quizás no, pero que se duplicará, según imagino, en un formato de libro. Ruego a Dios no perder en el proceso de corrección mi vida y mis bienes (por suerte no tengo novia). Ahora, ¡menos mal que la idea primera era escribir una novela cortita!

Buena noticia: como ya sabrán a raíz de la mala noticia, estamos muy lejos de la publicación de la novela. Pero quiero comunicarles que para el mes de Septiembre u Octubre, publicaré a dúo con Juan Garibaldi un libro de poesía bajo el nombre de un autor único e inventado. Aún no tenemos el nombre ni del libro ni del autor en el cual nos fusionaremos. Pero estamos a punto de empezar a seleccionar los poemas, tanto míos como de juan Garibaldi.

lunes, 31 de enero de 2011

Una novela que termina

Tengo el placer de comunicarles que el final de la novela ha tenido lugar y ahora procederé a la co-corrección de la misma con una amiga-profesora. De regalo para mi puñado de lectores un párrafo de la novela, un puñado de fuego arrancado del primer capítulo:

(...)

Ni una pizca de luz, no hay luz sin fuego y si hay fuego, nada, salvo la oscuridad, rociada con birra anacrónica, quedará en pie. Él, diecinueve años, escultórico y, si alguien lo apura al narrador, geométrico, se mueve sin moverse para colocar sus dos botines en el bolso cilíndrico, en los que se refleja, porque los ha lustrado, su madre poniendo una chata y en el meo de un enfermo, un destino. La inminencia lo acobarda, arde en su rostro mal cincelado, ese detalle irregular que arde mientras dure el gesto. En treinta minutos Artemio saldrá, debe hacerlo, con su bolso a entrenar; e intuye, conejillo de indias perturbado que nadie, y nadie no es un nombre francés de mujer, podrá investigar, al menos científicamente, que afuera el verbo se hará asado y el asado aborto, que afuera todo será espesor y vacío, espesor o vacío o lo que una maestra de quinto grado llamará con graznidos civilizatorios ¡Mamarracho! ¡mamarracho! mientras le tira las orejas a la criatura más terrosa. Afuera nada estará explicado sino por silencio o los gritos no tan abstractos de crímenes de planificación instantánea, o por el garabateo labial de los moribundos y de las parturientas que son al final, y al principio, los únicos novios felices… porque allá afuera todo nace y muere, todo ríe y llora y sin embargo nada se distingue, apenas algunos témpanos poco diáfanos, cubiertos de hollín: un autopista, un monoblock enorme, o tan sólo su croquis, el esqueleto de hormigón armado para ser contemplado, pero no habitado, como el Partenón, quizás un viaducto titánico, pero enclenque, una catedral con campanas digitales, un supermercado iluminadísimo cuyo kilométrico estacionamiento con árboles raquíticos sí está hundido y olvidado. Nada se distingue, menos esa calle mal pensada por la que una piba vuelve de su trabajo. Tiene buenos sentimientos, diría la abuela de Artemio, o de quien sabe quien; es menuda, pequeña y meliflua, una niña que no baila, pero tiene el aguinaldo en su bolsillo. Entonces vuelve de su trabajo- subte, tren, colectivo, desde Capital hacia la sombra de la Capital- acompañada por su perfumito orbitando ahora la chalina que se arrastra por la niebla de cerveza, espuma del sol, y descifra en su sendero de contrastes toda la fealdad en proceso constructivo de la bestia mal carneada, de cien pechos y cien brazos y, porque no, mil pijas y tres mil ochocientas cajetas.

(...)

lunes, 13 de diciembre de 2010

Barroco para todos

Poesía barroca del siglo de oro español.

Luis de góngora

(1582)


Mientras por competir con tu cabello
oro bruñido al Sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

Mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;

Goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

No ya en plata o víola trocada
se vuelva, mas tú y ello juntamente,
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.


¡Chupate esta mandarina!

domingo, 12 de diciembre de 2010

6 am

las hojas vuelan a raíz del viento /

los collares vierten ojos //////

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sobre la bañera ///////